Trampas y autoengaños de la adicción (IV). “Yo no soy un marginal.”

Trampas y autoengaños de la adicción (IV). “Yo no soy un marginal.”

Los estereotipos suelen distorsionar la verdad o por lo menos bloquear nuestra apertura a la realidad. De hecho, ocurre que cuando tenemos un concepto preconcebido de algo, nos cuesta trabajo admitir que no siempre tiene que ser así. Eso mismo sucede con la adicción. Si la relacionamos con el drogadicto estereotipado tirado en las calles, pillando dinero de cualquier forma, durmiendo en un cajero automático con una botella de vino barato como único medio de alimentación, evidentemente esa imagen puede hacer daño a la hora de reconocer un problema con la bebida, con la droga, difícil de aceptar tanto por el que lo padece como por la familia.

Si esta identificación marginalidad=adicción fuera cierta, personas de estatus social y económico privilegiado nunca desarrollarían un problema de adicción. Es más, en un hipotético mundo sin pobreza no habría adicciones. Sin embargo, la realidad se impone contradiciendo tal supuesto, ya que ninguna sociedad o situación por muy privilegiada que fuera está blindada contra la adicción.

El discurso típico y frecuente de este autoengaño en el adicto suele ser parecido a “Yo no soy un adicto porque no estoy tirado por la calle”, “No soy un drogadicto. No robo, ni me pincho, ni voy por ahí pidiendo a la gente”. “¿Qué te piensas que soy? ¿Un marginado social?”.

¿Qué ha ocurrido con la Covid-19 cuando empezó la pandemia? Se relacionó desde un principio con personas de edad avanzada y con patologías previas. Eso hizo que se “encasillara” su gravedad en un grupo de personas, favoreciendo su propagación por bajar la guardia. Igual puede pasar con la adicción cuando se le identifica con un tipo de personas.

Siguiendo el ejemplo anterior, conocemos casos de personas asintomáticas, que, al no manifestar externamente su enfermedad, no sabían o no admitían que estaban contagiadas. La adicción es una enfermedad asintomática también que, al carecer de síntomas externos, puede hacer creer al que la padece que está bien, que no le pasa nada. Pero tanto el adicto como su familia saben que no es así.

¿Qué hacer?

  • En primer lugar, conviene abandonar las etiquetas sociales, como por ejemplo: “Este es un … alcohólico, heroinómano, drogadicto, cocainómano, pastillero, etc.”  Hay adictos entre los desfavorecidos y entre los altos ejecutivos y empresarios. En Efficiens, personalmente, no nos gustan las etiquetas.
  • El adicto es una persona que tiene un problema con el cannabis, el alcohol, la cocaína y porque tenga ese problema no quiere decir que sea un tal o un cual, o que sea mala persona por eso. El adicto no es un problema, sino que es una persona que tiene un problema. 
  • Cuando encasillamos a los adictos en un determinado grupo social, pensamos que todos son iguales. Sin embargo, no hay dos adictos iguales, porque no hay dos personas iguales. Por tanto, que los problemas de uno no sean los mismos de otras personas que también consumen no significa que no exista adicción.
  • Los problemas son más fácilmente de solucionar cuando están en su fase inicial que cuando se han consolidado en el tiempo. Cuanto antes pida ayuda un adicto, mejor para él. En el fondo, el enfermo de adicción sabe que cuando existen problemas, hay que ponerse en manos especializadas.

La Clínica Efficiens en Córdoba, centro de desintoxicación de Córdoba, cuenta con un equipo multidisciplinar que puede ayudarte a solucionar el problema de la adicción tanto si lo sufres tú como algún familiar. No dudes en ponerte en contacto con nosotros si necesitas ampliar información o recibir orientación profesional.

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